La expresión “entre bambalinas” significa realizar acciones de manera oculta, discreta o fuera de la vista del público. Dicho de otra manera, trabajo tras los bastidores. Es ese trabajo que se realiza “en la sombra”, esas labores calladas que nadie ve, y que en la mayoría de ocasiones quedan sin agradecer. Así que, me gustaría empezar esta reflexión con motivo de la celebración del Día de los Trabajadores (1 de mayo) agradeciendo la labor y el esmero de tantos que hacen posible nuestro día a día, y que este sea más llevadero.
El primer día de mayo es festivo porque lo dedicamos a conmemorar los logros del movimiento obrero y los derechos conquistados por los trabajadores a lo largo de la historia. En esta fecha se reivindica la dignidad laboral, la justicia social y la igualdad de oportunidades en el mundo del trabajo. Su origen se remonta al año 1886 cuando en Chicago, los trabajadores reclamaban la jornada laboral de ocho horas. La huelga general convocada en dicha ciudad derivó en una seria de enfrentamientos conocidos como “los sucesos de Haymarket”. Trágicos sucesos que dejaron a los “Mártires de Chicago” (líderes sindicales condenados a muerte) y el fallecimiento de varios policías como consecuencia de la explosión de una bomba.
Muchos años han pasado y aún continúa la lucha por los derechos, la dignidad y la igualdad en el trabajo. Seguimos siendo víctimas y testigos de los abusos e injusticias que se cometen en mayor o menor medida a lo largo y ancho de nuestro mundo. Lo cual, nos debe llevar a seguir abogando por una mejora real en todos estos aspectos vitales y a tener compasión por todos aquellos que las sufren, al mismo tiempo que debemos ponernos en la piel de nuestros semejantes, que queriendo y buscando, no encuentran un puesto de trabajo para cubrir al menos sus necesidades.

Pero en esta ocasión, quiero centrarme en el aspecto más personal del trabajo y en nuestro contexto occidental. Dios, en el acto mismo de la creación, está trabajando y nos crea a su imagen y semejanza capacitándonos para tareas de administración, cuidado y supervisión de lo creado (Génesis 1:15). El trabajo que llevamos a cabo da sentido a nuestra vida, nos dignifica y abre un campo para que aportemos a nuestros semejantes lo que Dios primero nos ha dado a nosotros. Además, Dios también reposó después de su labor y nos dio ejemplo para recrearnos en lo creado y descansar (Génesis 2:1-3).
El pecado del hombre y la mujer dañó y desvirtuó ambos propósitos perfectos, nuestras labores y nuestro descanso se ven afectados profundamente por la caída. De ese modo, aparecen los “espinos y cardos” y el “sudor en nuestra frente”. El pecado trae daño y vacío al corazón, enturbia el propósito y nos desenfoca. Y así vemos en nuestro día a día que lo que Dios creo como un medio y una bendición para relacionarnos con Él, con otros y con nosotros mismos, y para cuidar la creación se convierte en un fin en sí mismo y fuente de muchos males.
Sin apenas darnos cuenta buscamos en nuestro trabajo la satisfacción plena y nuestra realización como seres humanos. Y así, nos centramos en la producción, el consumo y el bienestar personal. Podemos hacer de todo, en todo tiempo y todos los días. Es más, si a esto le sumamos el que en muchas ocasiones queremos huir de nuestra situación personal y/o circunstancias conflictivas en nuestro hogar, el trabajo también puede llegar a ser para nosotros ese lugar de refugio para evadirnos y mostrar lo mejor de nosotros mismos. Como rezaba la publicidad de un conocido gimnasio: “Esto no es un gimnasio, es mi casa, el lugar donde saco mi mejor versión y quiero volver cada día.” ¡Qué situaciones de vacío tan profundo podemos llegar a experimentar si esta es nuestra realidad! ¿Qué pasa si perdemos nuestro trabajo? ¿Y si enfermamos, nos jubilamos o nuestras facultades ya no son las mismas? ¿Acaso ya seremos menos valiosos? ¿Nuestra identidad será la misma? ¿Cómo nos verán los demás?
Jesús nos alerta sobre ello al decirnos “Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.” (Lucas 12:15). Guárdate, que tu trabajo sea un medio para ser lo que Dios te ha llamado a ser, cuídate para que la avaricia no aparezca en ninguna forma (no solo la económica) porque tu vida no consiste en lo que tienes, ya sean recursos materiales, fama, imagen o posición social. No sacrifiques tus valores e ideales mayores; no vivas tu trabajo para fomentar el individualismo y la falta de generosidad; y no reduzcas tu jornada a producir más, consumir y sentirte mejor. Te invito a imitar a Dios, toma un tiempo para observar y recrearte en lo creado, para volver tu mirada al Creador y enfocarte en lo que Él quiere/tiene para tu vida.
Empezaba este artículo con palabras de gratitud hacia tantas personas que llevan a cabo labores entre bambalinas que nadie ve. Ahora anhelo que nos podamos detener en Dios que sí las ve. Una de las formas en las que Dios se reveló en el Antiguo Testamento fue la de “Dios que ve” (Génesis 16:13). Dios que ve nuestra situación y también actúa entre bambalinas. Dios te ve en el trabajo, en tu labor diaria, en las injusticias que sufres, en tu esfuerzo, en tu compañerismo, en tu generosidad, en las tareas tediosas que te superan, …etc. Y, precisamente desde ahí, quiere trabajar en ti para que le veas de manera palpable en tu día a día, para transformarte y para ayudarte.
Si ya tienes una relación con Él, realiza tu trabajo basado en la identidad que Dios te da. Que tus tareas sean un medio para mostrar Su carácter y bien a otros.
Si aún no lo conoces, Él está cerca y Él te ve. Ahí donde estás, en tu situación concreta sea la que sea, llámale con sinceridad y Él te responderá. (Salmos 145:18 y Jeremías 33:3).
Su invitación sigue siendo vigente para cada uno de nosotros hoy: “Vivís siempre angustiados y preocupados. Venid a mí, y yo os haré descansar. Obedeced mis mandamientos y aprended de mí, pues yo soy paciente y humilde de verdad. Conmigo pueden descansar. Lo que yo os impongo no es difícil de cumplir, ni es pesada la carga que os hago llevar.” (Mateo 11:28-30, Biblia Traducción en leguaje actual.)
