Acabamos de estrenar un año y nuevamente experimentamos esa presión de establecer nuevos propósitos. Los medios de comunicación, las redes sociales, artículos o libros, nos invitan y retan a ser mejores, a dar más de nosotros mismos y a perseguir nuevas metas. Recapitula, evalúa, plantea, planifica y un sinfín de verbos que ya nos tienen saturados como cada mes de enero.
Acabamos de estrenar un año, pero hay cosas que desafortunadamente no han quedado atrás en nuestro día a día. Por un lado, a nivel personal seguimos luchando con situaciones y relaciones que nos agotan, muros que parecen infranqueables o defectos que nos recuerdan que no hemos cambiado como nos propusimos más de una vez. Y por otro, mirando a nuestro alrededor… ¡Cuántos proyectos e intentos de paz y bienestar en este mundo se han quedado en el tintero! ¡Cuántos eslóganes de ilusión vana que solo enmascaraban egoísmo y rivalidad!
Acabamos de estrenar un año y lo hacemos nuevamente sobrecogidos por la tiranía de tantos que alzan su voz bien alto para acallar el sufrimiento del prójimo. Lo hacemos sin dejar de ser testigos de injusticias y atropellos contra los derechos de los más vulnerables.
Acabamos de estrenar un año y Dios sigue acompañándonos y extendiéndonos la maravillosa invitación de hacer realidad una vida más sencilla. La encontramos en la oración modelo que Jesús nos dejó: “El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.” (Mt.6:11) Una petición fácil de formular, pero con más implicaciones de lo que parece a simple vista. Sencilla de hacer, pero compleja de vivir. El Señor Jesús no nos está animando a vivir nuestro día a día sin organizar, prevenir o prever las cosas. Esta expresión tampoco es un comodín para la irresponsabilidad o la pereza porque nuestra confianza está en la provisión de Dios.
Acabamos de estrenar un año y bajo estas palabras del Evangelio podemos afrontar los días que vienen sabiendo que:
“EL PAN”. Dios nos proveerá el sustento necesario, apuntando con ello no solo a lo material o físico. Jesús, nuestro Pan de vida, nos alimentará cada día al hablarnos por su Espíritu y la Palabra. Además, ese “pan” simboliza el cuerpo del Señor entregado por todos nosotros y ello nos recuerda la hermosa realidad de que: ¿Cómo no nos dará todas las cosas Aquel que no escatimó ni a su propio Hijo? (Ro.8:32) Así que, sigamos adelante un año más con la plena certeza de que Dios nos alimentará en todos los sentidos con el pan que realmente necesitemos.
“NUESTRO”. Qué significativo que la oración modelo aparezca en plural. Vemos que de ese plural se desprenden aspectos tan relevantes en las Escrituras y la vivencia de la Iglesia como la comunión, el compartir unos con otros o la práctica de la generosidad. Un plural que nos recuerda la importancia de hacer esa petición de manera conjunta, pensando los unos en los otros y gozándonos con la respuesta generosa de Dios no solo cuando experimentamos su respuesta generosa de manera personal, sino también cuando celebramos encuentros como comunidad. Ya sean de índole “espiritual” o celebraciones fraternales que incluyan el comer juntos que, por cierto, tanto nos gustan.
Un “nuestro” que nos lleva a desprendernos y no aferrarnos a lo que Dios nos ha dado, teniendo misericordia al compartir con aquellos que nos rodean. En este nuevo año sigamos siendo conscientes y sensibles a la necesidad de que Dios disponga de cualquier recurso que previamente nos ha regalado para poder bendecir y enriquecer a otros. De manera especial en este próximo trimestre somos invitados a formar parte de la Campaña contra el frio en nuestra congregación y a participar de muchas maneras. Es una maravillosa expresión práctica para hacer visible la provisión de Dios en la vida de aquellos que nos rodean y pasan necesidades físicas, emocionales y espirituales.
Y ese “nuestro” también nos iguala a todos, una misma petición ante un mismo Padre. Todos tenemos necesidad, todos precisamos de alimento y todos, en mayor o menor medida, podemos compartir y ofrecer porque no es “mi” pan sino “nuestro” pan. Así que, sigamos adelante un año más con la plena certeza de que Dios nos alimentará en todos los sentidos con el pan que realmente necesitemos y será suficiente para que también alcance para otros.
“DE CADA DÍA”. El pan cotidiano, el del día a día, el que precisamos para vivir en un periodo de tiempo determinado. A semejanza del maná que caía diariamente sobre el pueblo durante su peregrinación en el desierto. Algo cíclico que se repite en nuestra mesa por la fidelidad de Dios, pero que no por ello debemos darlo por sentado o hacerlo una costumbre sin más, sino vivirlo con asombro y gratitud. Así que, sigamos adelante un año más con la plena certeza de que Dios nos alimentará en todos los sentidos con el pan que realmente necesitemos, que será suficiente para que también alcance para otros y, que podamos gozarnos al vivirlo día a día con asombro y gratitud.
“DÁNOSLO”. Dánoslo Señor porque dependemos de ti como un bebé que llora anhelando ser saciado. Dánoslo Señor como una súplica ante Aquel que es el único que puede colmarnos de bien en todos los sentidos. Dánoslo Señor, no porque lo merezcamos, sino por tu infinita misericordia y gracia. Dánoslo Señor por tu generosidad, sabiendo que eres “poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos” (Ef.3:20). Así que, sigamos adelante un año más con la plena certeza de que Dios nos alimentará en todos los sentidos con el pan que realmente necesitemos, que será suficiente para que también alcance para otros, que podamos gozarnos al vivirlo día a día con asombro y gratitud sabiendo que todo proviene de Él.
“HOY”. Enfrentamos el hoy y el mañana con la memoria de las experiencias vividas en el ayer, bendiciendo al Señor al no olvidar ninguno de sus beneficios (Sal. 103) y dándole gracias al proclamar: “Hasta aquí nos ayudó el Señor” (1º Sam.7:12). Como pueblo de Dios vivimos sabiendo que el Señor es nuestro Pastor y nada nos falta, nos ha faltado ni nos faltará porque le tenemos a Él. Y Él suficiente será, no te angusties ni te afanes por el mañana, como me dice a veces mi hijo: “Mamá, la vida es más sencilla”. Así que, sigamos adelante un año más con la plena certeza de que Dios nos alimentará en todos los sentidos con el pan que realmente necesitemos, que será suficiente para que también alcance para otros, que podamos gozarnos al vivirlo día a día con asombro y gratitud sabiendo que todo proviene de Él en este día y por siempre.
Sigamos adelante con expectación, esperando en Él y de Él porque eso será lo mejor para nuestras vidas. La mayoría de pacientes con los que trabajo son niños y cuánto aprendo de ellos y con ellos. Hay algo que me ha ocurrido en más de una ocasión con algunos ellos, en especial con los más pequeños. Entro en la sala con alguno de ellos y va cogido de mi mano, me mira sonriente y con ojos chispeantes, y a continuación me pregunta: “¿Qué vamos a hacer hoy, Virginia?” Y he de confesar que ese instante me llena y me emociona. Tanto es así, que desde hace tiempo muchas de mis oraciones en la mañana expresan estas mismas palabras al mismo tiempo que me imagino cogiendo la mano de mi Señor con expectación. “¿Qué tienes para mí, Señor?” “Qué tienes para nosotros, Señor?”
“El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy.” Si ya caminas de la mano del Señor sigue aferrado a ella y dependiendo de lo que el Señor te dé en su bondad y generosidad. Si aún nos ha dado ese paso, Jesús quien es el Pan de vida quiere tomarte y saciarte hoy y por siempre.
