San Francisco de Asís decía: “Toda la oscuridad en el mundo no puede apagar la luz de una sola vela.”
Cuánta verdad en esas palabras. Por eso siempre me ha llamado la atención que,
justamente en la época del año en la que los días son más cortos y la oscuridad
parece más presente, encendamos más luces que nunca. Calles, casas, plazas…
todo se ilumina. Y no es casualidad. Hay una razón profunda que, generación tras generación, continúa impulsándonos a hacerlo.
Ese acontecimiento tan especial y único se llama Navidad. Esta palabra proviene del latín Nativitas, que significa “nacimiento”. Y no cualquier nacimiento, sino el nacimiento de Jesús, un acontecimiento que marcó un antes y un después en la historia y en la vida de muchísimas personas.
Una luz encendida en medio de la oscuridad. Lo paradójico de todo esto es que, en el momento en que todos daban la espalda y cerraban las puertas (Lucas 2:7), el Ser más humilde nació para dar luz a los corazones.
En un tiempo donde querían destruir la vida, el Dador de la vida nace para seguir otorgando nueva vida (Juan 10:10).
Y hoy sigue pasando lo mismo. Es difícil ver un ápice de esperanza en una sociedad donde todo se rige por la ley del más fuerte, del más rico, del más astuto. Una época que respira egocentrismo, donde el “yo” y lo que me pasa a mí parece ser lo único que importa.
Pero con la venida del Hijo de Dios, todo cambió. Transformó nuestra historia. Aquel a quien le dieron la espalda, aquel que no encontraba un lugar en el mundo donde poder nacer, tenía una motivación que iba más allá de sí mismo: su motivación era el amor por cada uno de nosotros.
Él es la luz del mundo, quien vino a iluminar nuestros corazones. El Ser más pequeño y humilde nos dejó una de las mayores enseñanzas: no yo, sino tú. La Navidad es una celebración que nos invita a mirar más allá de nosotros mismos, a ver al otro, a dar sin esperar, a amar y a alumbrar.
Porque este acontecimiento cambió nuestras vidas. Nos hizo luminares en este mundo. Jesús nos lo dijo: “Vosotros sois la luz del mundo… Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:14-16).
La Navidad es un llamado a vivir lo que decimos creer: ser luz en el barrio, en el trabajo, en la familia; ayudar al que lo necesita, escuchar al que sufre, perdonar al que nos hirió. Porque cuando Jesús entra en un corazón, no solo trae salvación personal: nos transforma en portadores de luz y esperanza para un mundo que está desesperado por encontrarla.
Y para quien todavía no lo conoce, la Navidad es una puerta abierta. Esa misma luz que brilló en Belén sigue brillando hoy para ti. No se trata de religión ni de reglas; se trata de un Dios que se hizo Niño porque te ama tal como eres.
Que esta Navidad no sea solo una fecha más. Que sea el momento en que dejemos entrar de verdad esa luz, para que ilumine nuestras vidas y, a través de nosotros, alcance a muchos más.
¡Os deseamos una Feliz Navidad!
Natalia Carmona – Iglesia Cristo Vive
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