Este artículo explora la idea de refugio desde una perspectiva bíblica, usando el ejemplo de las ciudades de refugio establecidas por Josué. Estas ciudades ofrecían protección a personas que habían cometido homicidio accidental. Se destaca que, al igual que esas ciudades, Dios es un refugio, un lugar de seguridad y protección. El artículo invita a la reflexión sobre dónde buscamos refugio en la vida cotidiana, ya sea en el trabajo, en personas o en adicciones, señalando que solo en Cristo encontramos verdadera seguridad. También se anima a la comunidad cristiana a ser un refugio para otros, practicando el servicio, el estudio de la palabra y la oración. Finalmente, el artículo plantea la importancia de vivir dentro de los límites de la fe para recibir la protección de Dios.
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