“ADOLESCENCIA”: MÁS ALLÁ DE LA PANTALLA.

He terminado de ver la serie Adolescencia en Netflix. No suelo ver series (soy más de pelis) pero en esta ocasión las críticas eran realmente buenas…Con una ejecución técnica impecable y una narrativa que mezcla drama y crítica social, se aborda la realidad de una generación que pasa de la niñez a la adolescencia. Se puede ver claramente como ese tránsito está influenciado por las redes sociales en un contexto en el que la sociedad ha desaparecido para ellos. La destrucción de los valores convencionales, la desestructuración familiar y los desafíos del empoderamiento individual me han obligado a reflexionar sobre la realidad que está afectando a nuestros jóvenes y adolescentes  

A continuación, me gustaría compartir algunos de estos aspectos, comenzando con conceptos clave en la serie y que escapan a nuestra realidad diaria como el fenómeno “incell”, la relación 80/20 y la metáfora de la pastilla azul. 

Intentaré no hacer “spoiler”…

El fenómeno “incell”, la relación 80/20 y la pastilla azul

Incell es un término inglés que hace referencia al “celibato involuntario” y que describe una subcultura on-line formada principalmente por hombres heterosexuales que se sienten incapaces de establecer relaciones sentimentales con una mujer. Este grupo culpa a las mujeres de esa situación, y promueve discursos discriminatorios y, en algunos casos, extremos. 

Este fenómeno refleja una crisis de identidad masculina acentuada por dinámicas sociopolíticas y digitales que, de forma voluntaria o involuntaria, han generado una reacción de oposición ante la acusación percibida de un género masculino, culpabilizado a causa del comportamiento de algunos.

Por otro lado, la relación 80/20, conocida como el principio de Pareto, sugiere a grandes rasgos que el 80% de los efectos provienen del 20% de las causas. En  el contexto social de “Adolescencia”, este principio se utiliza para explicar una desigualdad en relaciones sentimentales donde un pequeño porcentaje de hombres (20%) concentra la atención de la mayoría de las mujeres (80%), dejando al resto sumido en una marginación que les obliga irremediablemente a la soledad (celibato involuntario, incell).

Finalmente, la metáfora de la pastilla azul (y su contraparte, la roja) proviene de la saga cinematográfica The Matrix. La pastilla azul simboliza ignorancia y conformidad con una realidad cómoda pero ilusoria y, en contraposición, la pastilla roja representa el despertar a verdades incómodas entre las que se encuentra la aceptación de una relación sentimental imposible que se encuentra abocada al fracaso.

¿Tú tampoco sabes de qué estamos hablando?. Independientemente de que todo esto nos parezca extraño y lejano no debemos perder de vista que, con estos o con otros fenómenos, existe una realidad entre nuestros adolescentes que nos resulta ajena y a la que siempre llegamos tarde…

Terreno fértil

En un entorno de adversidades como la ruptura familiar, violencia doméstica, fracaso escolar, incertidumbre sobre el futuro o problemas de salud mental, nuestros jóvenes quedan expuestos a los valores huecos de una sociedad líquida en la que todo vale para un “yo” empoderado. 

Este empoderamiento individual basado en una percepción distorsionada del “yo”, que lo merece todo y cuya satisfacción bien merece pagar cualquier precio, ha creado vacíos que muchos aprovechan para difundir sus filosofías.

Las redes sociales han dado lugar a una generación hiperconectada pero aislada emocionalmente. Influencers con agendas muy concretas encuentran terreno fértil entre jóvenes que buscan pertenencia y validación de sus iguales. Figuras populares en plataformas como Instagram, TikTok o YouTube promueven estilos de vida e identidades sobre fundamentos equivocados y peligrosos porque nuestros adolescentes carecen de herramientas críticas para discernir el objeto de los atractivos y deslumbrantes contenidos que consumen.

¿Estamos preparados?

La tecnología avanza más rápido que nuestra capacidad para adaptarnos a ella. Mientras los adolescentes dominan herramientas digitales desde temprana edad, los adultos a menudo desconocemos las dinámicas herméticas que ocurren en estos espacios virtuales. Este desequilibrio genera una brecha generacional: lo que sucede en el mundo digital queda fuera de nuestro alcance.

En esta realidad paralela, que nos resulta ajena, los valores tradicionales pierden relevancia frente a normas dictadas por “otros” (grupos de iguales,  instagramers, lobbies en línea, etc.). Los adolescentes resuelven conflictos según sus propias escalas de valores, normalmente infantiles, e influenciadas por figuras externas que buscan monetizar seguidores. 

El ordenador en sus habitaciones ha hecho que tenerles dentro de casa ya no sea sinónimo de seguridad. Hay una puerta que les conecta con realidades, de nuevo, ajenas al control familiar y que si no se controlan pueden convertirse en una herramienta de acoso y sufrimiento que se perpetúa dentro de una zona que pensamos segura…

La responsabilidad parental

A pesar de los desafíos tecnológicos y sociales, el papel de los padres sigue siendo crucial. La serie Adolescencia muestra cómo el apoyo emocional y el seguimiento activo pueden marcar la diferencia en el desarrollo juvenil. 

Sin embargo, la destrucción de la familia a manos de un puñado de valores que hemos dejado acomodarse a nuestro lado (como el trabajo, el éxito personal o, de nuevo, las necesidades percibidas a las que tan difícil es escapar hoy en día) hacen que perdamos de vista nuestras verdaderas prioridades.

Es crucial dedicar tiempo a nuestros hijos. Lo comparto como un reto al que le estamos perdiendo la partida sin saberlo. Necesitamos cubrir sus necesidades, no sólo de alimentación o de formación académica, porque si dejamos espacio (no mucho) otros lo harán a través de un sencillo teléfono o tablet con conexión a Internet. Proverbios 22:6 nos recuerda: “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él“. Esto implica enseñarles no solo valores bíblicos, sino también cómo aplicar esos valores en un mundo cada vez más complejo.

¿Qué estamos haciendo como iglesia?

La serie televisiva plantea preguntas fundamentales sobre el rol colectivo en la formación de generaciones futuras. ¿Estamos priorizando valores esenciales? ¿O hemos cedido ya demasiado terreno?

Como comunidad cristiana, debemos ir más allá y preguntarnos si estamos cumpliendo nuestro llamado a ser “la sal de la tierra”. Es difícil realizar esta tarea si desconocemos el contexto o el lugar donde esparcir esa sal. ¿Conocemos los peligros de la realidad a la que se enfrentan nuestros adolescentes y jóvenes en su día a día? ¿Estamos equipando a nuestros adolescentes con herramientas espirituales para enfrentar los desafíos del mundo digital? ¿Hemos adaptado el mensaje a su nuevo estilo de aprendizaje? ¿O hemos cedido ese espacio didáctico a otros permitiendo que las influencias del mundo definan sus valores alli donde no hemos sabido llegar?

Conclusión

Adolescencia no solo es un espejo de nuestras preocupaciones actuales; también es un llamado a la acción. La serie nos recuerda que los adolescentes necesitan guía y apoyo para navegar un mundo cada vez más complejo. Nuestra realidad no fue tan compleja como lo es hoy. Como padres y como iglesia , debemos asumir una responsabilidad.

El desafío no es tecnológico; es un desafío de guerra espiritual. Necesitamos unirnos como comunidad para restaurar valores familiares sólidos, aplicar los principios bíblicos en una sociedad en la que “todo vale y nada importa” y mostrar con nuestro ejemplo cómo vivir conforme al evangelio en un mundo cada vez más alejado de Dios.

En palabras del apóstol Pablo:
 

“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento”
(Romanos 12:2).

Que el Señor nos ayude.

Angel Alfageme.