Hoy, 21 de marzo, es el Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial. Un día para recordar la igualdad de todos los seres humanos sin importar su raza o color de piel.
Este día se celebra desde que, en 1966, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) proclamó el 21 de marzo como el Día Internacional de la Discriminación Racial en recuerdo de un evento sucedido en tal fecha en el año 1960 (resolución 2142 (XXI). Ese día, 69 manifestantes pacíficos murieron en la ciudad de Sharpeville (Sudáfrica) mientras mostraban su descuerdo contra la de la Ley de Pases que se aplicaba durante el apartheid en Sudáfrica.
Esta ley constituía un mecanismo de control para las personas de raza negra que se veían privadas de su derecho de moverse libremente. Estas personas requerían de un pase para poder permanecer en ciertas áreas que estaban restringidas. En caso de encontrar a alguna persona fuera de los sitios autorizados, esta era arrestada pudiendo ser condenada a prisión.
La igualdad entre las personas de distinta raza no es solo un valor defendido por las Naciones Unidas, sino también por el cristianismo. Son varios los pasajes bíblicos que se afirma esta realidad.
En primer lugar, la Biblia es clara en cuanto al origen común de todos los seres humanos. En el Nuevo Testamento, más concretamente en Hechos de los Apóstoles, Lucas el Evangelista nos recuerda que todos los seres humanos tenemos un origen común, aunque las naciones hoy existentes sean muchas.
“De un solo hombre hizo todas las naciones para que habitaran toda la tierra; y les marcó los tiempos determinados y los límites de su habitación.”
Hechos 17:26
Esta misma idea aparece en libro del Génesis, en el cual se afirma que:
“El hombre llamó Eva a su mujer, porque ella sería la madre de todos los vivientes.”
Génesis 3:20
También el Apóstol Pablo, en diversas Epístolas, nos recuerda la unidad e igualdad entre todos los creyentes pues las barreras que separaban a los distintos grupos sociales fueron eliminadas tras la resurrección de Cristo.
“Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer, porque todos ustedes son uno en Cristo Jesús.”
Gálatas 3:28
“En esta nueva naturaleza no hay griego ni judío, circunciso ni incircunciso, bárbaro ni escita, esclavo ni libre, sino que Cristo es todo y está en todos.”
Colosenses 3:11
No obstante, no es solo común el origen de todas las personas y el estatus entre ellas sino también el destino de todos los creyentes en Cristo independientemente del país de origen o raza como bien nos afirma Juan en su Apocalipsis:
“Después de esto miré, y apareció una multitud tomada de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas, que estaban delante del trono y delante del Cordero, vestidos con túnicas blancas y con palmas en las manos.”
Apocalipsis 7:9
Fueron, precisamente, estas convicciones cristianas sobre la igualdad de las personas las que llevaron a Martin Luther King, activista y pastor, a luchar por los derechos de las personas de raza negra en los década de los años 60 en los EEUU.
En su famoso discurso “I have a Dream” pronunciado en la Marcha sobre Washington en 1963, expresaba su deseo: “Tengo un sueño, que mis cuatro hijos vivan un día en una nación en la que no sean juzgados por el color de su piel sino por la naturaleza de su carácter”.
En días como hoy, 21 de marzo, es buen momento para plantearnos si el sueño de nuestro hermano Martin Luther King se ha hecho una realidad o no. Es buen momento para plantearnos si vivimos teniendo en cuenta estos valores de igualdad entre todas las razas y naciones que Dios ha manifestado por medio de Su Palabra, la Biblia y que quiere que apoyemos y respetemos.
Eunice Sánchez
