Jesús, más que un carpintero

Jesús es carpintero y José, su padre adoptivo, fue carpintero.

Para mi como cristiano es más fácil ver al Jesús divino, a Jesús como Dios, por los milagros que hizo, porque transformó el agua en vino, porque murió, resucitó y ascendió a los cielos. Pero, a veces, se me pasa por alto recordar al Jesús hombre, un ser humano como cualquier de nosotros, un hombre de carne y hueso. Dios mismo se hizo hombre y sintió lo mismo que yo.

En Hebreos 4:15 dice: “Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.” Jesús es semejante a nosotros, puede entender lo que tenemos dentro, lo que sentimos porque Él mismo lo ha sentido. Nos puede socorrer pues el mismo fue tentado, pero no pecó, tiene misericordia y empatía.

¡Qué locura! Dios mismo se hizo hombre, estuvo en pañales, creció y sintió todo lo que como seres humanos podemos sentir: soledad, amargura, tristeza, alegría, euforia, ira, misericordia o dolor físico extremo (el que sufrió en la cruz). Disfrutó de la vida, se iba a tomar algo con los colegas, vive libre como hombre en la gracia y en la voluntad de Dios. Atravesó pruebas, el desierto y cumplió con su misión.

Se hizo uno de nosotros, y no habrá nadie mejor que Él para entender lo que estás pasando, porque lo vivió de primera mano. Jesús es más que un carpintero, es un ser humano, es un hombre de carne y hueso, es un amigo, es Dios mismo, Él es todo.

Por Sebas Añasco

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